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Fobia

viernes, julio 20, 2007
Están por todas partes. No me dejan tranquilo. Están por toda la casa, sobre las cajas, entre las cuentas por pagar, en los utensilios de limpieza, en la ropa, no escapo de ellos ni en Internet ni en el celular. Me abordan en la calle, en las paredes, en los postes, esperando el bus y dentro de él. Si trato de evitar su aturdidor acoso mirando por la ventana, allí están también. ¿Cuánto dinero costará mantener los árboles de la autopista a baja altura sólo para que los pasajeros alcancen a ver los avisos que sobresalen en sus costados?

Soy publifóbico, y apenas ahora soy consciente de ello. Estoy harto de ser bombardeado diariamente por cientos y cientos de avisos. En mí crece la paranoia de pensar que todo está controlado por los dueños de la publicidad. Que toda mi vida está planeada de tal forma que ahora pueda consumir con el gusto de la nostalgia los productos con cuyas propagandas crecí de niño.

"Lo que no somos capaces de cambiar debemos por lo menos describirlo" - Rainer Werner Fassbinder.

Es esta la premisa principal del libro «13,99 Euros», de Frederic Beigbeder (Editorial Anagrama, 2001), quien realiza una dura crítica al mundo de la Publicidad, del cuál llegó a ser uno de sus principales ejecutivos. Su personaje, Octave, narra todas las porquerías y secretos que maneja el siniestro poder detrás de toda la sociedad del consumismo, con el único fin de ser despedido e indemnizado.

El libro no es una gran obra literaria, pero sí aporta información y argumentos útiles para aquellos que padecemos publifobia. Entre los datos que nos aporta Octave, cabe resaltar que el occidental promedio está sometido a unos 4.000 mensajes comerciales diarios, acumulando unos 350.000 entre su nacimiento y los dieciocho años.

En su prólogo, Frederic Beigbeder cita un brillante aparte del nuevo prólogo de «Un Mundo Feliz», de Aldous Huxley (1946):

"Un estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada, en los actuales estados totalitarios, a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela."

2 comentario(s) :

Nelson Castillo at: miércoles, agosto 01, 2007 10:06:00 a.m. dijo...

Por eso poco veo TV. No me gusta ser objeto de la publicidad pagada y disfrazada de muchas formas.

Juan Francisco at: sábado, agosto 18, 2007 2:02:00 p.m. dijo...

Hola Alejandro
La última cita que usas en esta entrada me hizo pensar en una sola cosa; Las campñas "educativas" que el ministerio de educación venezolano hace obligatorias en los colegios para enseñar a los niños sobre el "espíritu de la revolución". Bueno, también existen muchos ejemplos en colombia, como las secciones de los noticieros de tv donde celebran cualquier payasada política para terminar siempre con unas beligerantes palabras de nuestro "amado presidente" en las cuales todos ven lo "berraco y echao pa lante que es".